martes, 18 de diciembre de 2018

La Llama cumple un año




Cumple un año de existencia la, al parecer, única librería de España dedicada a la literatura de humor. Le pusieron como nombre La Llama, y está en el barrio de Sant Antoni de Barcelona, en la calle Villareal 34. Su propietaria es Abigail López Enrech y lleva 15 años en el sector del arte. De ahí que no se limiten a la venta de libros, cómics u objetos graciosos, sino que cuenta con una galería en la que celebran presentaciones o eventos relacionados con el mundo del humor bajo el patrocinio de la revista satírica El Mundo Today, que la considera su tienda oficial. El establecimiento se complementa con su versión en la nube, en la que se puede acceder a su catálogo de publicaciones y artículos raros. Éste es el enlace.


Supe de su existencia a través de una reseña que leí una vez en Internet y me llamó la atención que en su repertorio de autores humorísticos hubieran incluido a Kafka. Aquello me alarmó un poco. Deben de andar faltos de personal, pensé. No es que considere a Kafka un mal escritor, ni mucho menos, pero ¡un escritor humorístico! Cuando lo leí en su día me dejó una extraña comezón interior que distaba mucho de la risa, aunque las situaciones que presentaba bien hubieran podido servir de punto de partida para un argumento jocoso. Pero el buen hombre no parecía estar muy por la labor de sacarle chispa al asunto. Tiraba por el lado lúgubre, diría yo. Tal vez si lo releyera ahora cambiara de opinión pero, para ser francos, no tengo ganas de hacer el experimento. Andan muy faltos de personal, me reafirmé, tanto como para echar mano de Kafka como último recurso desesperado. Así que decidí ofrecerme como voluntario para remediar un poco la cosa y les envié un ejemplar de mi único libro publicado hasta la fecha, con un triple y ambicioso objetivo: uno, que lo leyeran; dos, que les gustara tras haberlo leído; tres, que tras leerlo y haberles gustado lo incluyeran en su catálogo. A día de hoy no sé si alguno de esos loables propósitos se cumplió. Pero de Kafka ni rastro, tú.

ⒸLucas Claudín

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